• miércoles, 22 de noviembre de 2017.

Los fabulosos Veinte

Por: Edgar Tavares López

Los años Veinte marcaron, sin duda, el nacimiento del México contemporáneo. La ciudad capital experimentaba el espíritu alegre y desenfadado que caracterizó esa época reflejado, entre otros aspectos, en las academias de baile, los Dancing Halls y los divertidos concursos al ritmo del charleston, fox trot y el danzón.

Uno de los lugares preferidos por los capitalinos fue el Salón Rojo (Madero esquina Bolívar) donde había dancing de las 6 de la tarde a las 11 de la noche, la entrada costaba un peso y se podía disfrutar la música de los “Diablos del Jazz”, la “Marimba Chiapaneca” y la “Orquesta Salón Rojo”. Como en todas las épocas, no todos disfrutan los bailes modernos, por ejemplo, don Manuel Palavicini, quien pagó un gran desplegado en El Universal el 23 de octubre de 1922 para afirmar: “El baile de nuestros tiempos, es algo horrible desde el punto de vista moral. Las gentes se agitan musicalmente en contorsiones de lascivia y mal gusto... nos estremecemos sólo de oír los primeros chirridos de una reunión de forajidos, conglomerados en lo que ha dado en llamarse ‘jazz band’. Las hemos visto (parejas) abrazarse, cerrando los ojos con deleite, apretándose las manos sudorosas y lanzarse rabiosamente al movimiento descompasado, duro, brutal”. Al final, dicta sentencia: “Es necesario acabar con ese baile, con esa música, con esa inmoralidad ladrante de los modernos bailes, que da a lo lejos, la sensación de llegar a los infiernos y escuchar los coros diablescos y de cerca, la de ver una danza frenética de brujas enloquecidas por la presencia de su señor y dios”.

 

Esta publicación es un fragmento del artículo “Los fabulosos Veinte” del autor Edgar Tavares López y se publicó íntegramente en la edición de Relatos e Historias en México, núm. 9.