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  • domingo, 20 de agosto de 2017.

De cuando Abraham González convenció a Pancho Villa de entrar a la Revolución

Por: Guillermo González

Relato del señor Guillermo González S., hijo del Coronel Fernando González González, de la División del Norte, y sobrino nieto de Abraham González Casavantes.

 

En algunos reportes históricos sobre el primer encuentro entre don Abraham González Casavantes y Francisco Villa he hallado algunos desaciertos que quizás se aclaren con este relato, transmitido oralmente en mi familia, donde se hallan los detalles de aquel encuentro que cambiaría para siempre la vida de Pancho Villa...

 

Mi tío Santiago comentaba que entre 1907 y 1910 pasaba, esporádicamente, frente a su pasturería en Robinson (Chihuahua) un individuo pobremente vestido, que amablemente lo saludaba mientras arreaba unos burros que cargaban recipientes con leche. De regreso, por las tardes, siempre se detenía a comprar pastura y a conversar de todo: principalmente sobre los asuntos políticos del momento. En esas conversaciones aparecía siempre, como quien no quiere la cosa, el nombre de Francisco Villa, que el lechero sacaba a colación. Santiago repetía lo que era del conocimiento general: que el personaje era bandolero, que sus correrías, etcétera. Y cuando la revolución comenzó el tío Santiago cayó en cuenta: ¡Aquel lechero era nada menos que el mismo diablo: Pancho Villa!

 

Cuando Abraham González C. consideró necesario acercar a Francisco Villa a las fuerzas insurgentes, consiguió que Pedro Hermosillo, amigo de ambos, le concertara una cita. La encomienda resultó penosa para el señor Hermosillo, pues no le fue fácil convencer y acercar a la ciudad a quien se cuidaba tanto "hasta de su sombra". Bien pasaron tres semanas para acordar la reunión: en la troje de la pasturería de mi tío Santiago en Robinson, extramuros de Chihuahua, y ya entrada la noche.

 

Don Abraham y el señor Hermosillo esperaron sentados en dos de tres sillas al frente, con cuatro o cinco sillas en la hilera de atrás. Todo a oscuras.

 

Al poco rato escucharon ruidos a su espalda, cuando algunas personas tomaron asiento: eran Francisco Villa y varios acompañantes. Alguien les conminó a no voltear y a "estarse quietos". Después de unos minutos de silencio el señor Hermosillo, quien fumaba, encendió un fósforo "¡Hemos dicho que a oscuras!", espetó Villa.

 

Cuando don Abraham comenzó a hablar fue interrumpido por Villa: "Por ahí le mandé una cosita, hágame el favor (sic)"... Y es que Francisco Villa había enviado a D. Abraham la llave de un pequeño candado, indudablemente como contraseña. Don Abraham extendió un brazo hacia atrás, sobre su hombro, y la entregó. Se oyó el "click" de la llave embonando en la chapa de un candado que Villa portaba.

 

La reunión duró alrededor de 45 minutos. Don Abraham, siempre hablando, y seguramente convenciendo, fue pocas veces interrumpido. Cuando se dieron por terminados los parlamentos no hubo promesas ni apretones de manos; Villa y sus secuaces se retiraron por donde habían entrado, la parte de atrás de la troje, y sin haberse visto las caras...

 

Ahí queda para su discernimiento un trozo de nuestra historia, que me fue contada por miembros de mi familia.

 

 

Esta publicación es un fragmento del artículo “De cuando Abraham González convenció a Pancho Villa de unirse a la Revolución” del autor Guillermo González se publicó íntegramente en Relatos e Historias en México, núm. 7.